Pensar en fintech implica, necesariamente, pensar en escala global. Se trata de empresas que, por su propia naturaleza, no ciñen su actividad a las fronteras de un país. Entonces, ¿cómo categorizar a estas empresas? ¿cómo generar altos niveles de sindicalización? ¿de qué manera establecer marcos regulatorios claros? ¿cómo propender hacia una mirada internacional desde los sindicatos a este sector? Estas son algunas de las incógnitas más importantes cuando pensamos este fenómeno.

La Comisión Técnica Asesora (CTA) de AEBU presentó la semana pasada el informe “Una aproximación al mundo de las Fintech en América. Aportes para el debate de los trabajadores”. El trabajo surge en colaboración con Uni Global Union y la fundación FES. El objetivo del informe es contar con un material que aporte a la discusión de las fintech pero que al mismo tiempo sea conciso y se acerque a una mirada desde los trabajadores.

Fintech es un fenómeno relativamente nuevo que hasta el momento no ha sido suficientemente estudiado, aunque hace años se viene desarrollando. Se trata de empresas que brindan servicios financieros a través de plataformas tecnológicas. Los bancos y las empresas financieras usan sistemas tecnológicos hace mucho tiempo, pero hablar de fintech implica ir más allá y considerar aquellas empresas que a través de aplicaciones móviles o el big data reformulan los servicios financieros.

Esto nos lleva a una segunda definición de fintech que nos plantea el informe de la CTA: se trata de empresas que son “disruptivas”, es decir que en su forma de prestar el servicio generan un cambio relevante respecto a lo que existía.

Otra definición que podemos aplicar a este tipo de empresas es que plantean un modelo de negocios escalable. Es decir, nacen pensando en operaciones que trascienden las fronteras de un país y pueden ser aplicados a escala global.

No es buena idea pensar en el fenómeno fintech como algo homogéneo y estático. Suelen ser ecosistemas de empresas y startups que dan servicios de maneras muy diversas. Dentro de los segmentos que abarcan este tipo de empresas nos podemos encontrar muy diversos como: seguros, banca digital, puntaje crediticio, pagos y transferencias, préstamos, gestión de finanzas empresariales, gestión de finanzas personales, tecnologías para instituciones financieras, financiamiento colectivo, trading y mercado de valores, y gestión patrimonial.

Según un informe del BID del año 2018, la mayor parte de las fintech en América Latina corresponde al segmento de “pagos y transferencias”, seguido de “préstamos”. En cambio, en Norteamérica según el BID, prevalecen en mayor número las empresas fintech dedicadas al segmento “seguros”, seguido de “préstamos”.

En Uruguay el volúmen de las fintech dedicadas al segmento “pagos y transferencias” tienen un peso similar al observado en Latinoamérica, aunque aquellas dedicadas a los “préstamos” tiene una prevalencia mayor al promedio observado en la región.

¿Cómo regular las fintech?

Otro de los aspectos importantes a analizar es cómo regular las fintech. Al tratarse de un fenómeno reciente y tan dinámico no existe una única forma de regular este sector.

El informe elaborado por la CTA de AEBU identifica, por un lado, regulaciones que tienen un enfoque integral sobre el fenómeno. Es decir, que en único cuerpo normativo se intenta abarcar todos los segmentos que tienen este tipo de empresas.

En la región el único país que al momento cuenta con una ley integral sobre fintech es México (Ley Fintech, aprobada en marzo de 2018); allí se menciona taxativamente todos los segmentos de fintech comprendidos.

Más allá de México, ningún otro país de la región ha regulado las fintech a través de una ley integral. Existen esfuerzos en ese sentido en países como Panamá, Chile o Argentina, pero que aún no se han materializado en leyes.

Otra forma de regular las fintech es a través de las llamadas “Oficinas de innovación”. Se trata de generar en el sector público una “ventanilla de entrada” para guiar, seguir y potenciar emprendimientos que apliquen tecnología a los servicios financieros.

Éste es el modelo que hasta el momento presenta Uruguay. El Banco Central creó recientemente una oficina de innovación en la que reciben proyectos fintech y les hacen seguimiento, además de asesorarlos con el fin de incentivar el desarrollo del sector.

Existen oficinas de innovacion en Argentina, Brasil, Bahamas y Trinidad & Tobago, entre otros países.

Por último, podemos encontrar otro modelo que implica regular específicamente cada uno de los segmentos. Una característica de esta forma de regular es que no se encuentra delimitada en el tiempo; las normas para cada segmento fintech llegan en distintos momentos de acuerdo con la realidad de cada país.

En el caso de Uruguay se regularon tres actividades de las cuales crowdfunding (financiamiento colectivo) y pagos electrónicos han tenido éxito en su aplicación, mientras que la normativa para créditos entre pares resultó negativa; incluso generó el cierre inmediato de las empresas de ese segmento.

Datos de empleo en las fintech

Al todavía no estar claro qué se considera fintech y qué no, y teniendo en cuenta que se trata de un conjunto de empresas que se mueve en una realidad muy dinámica, es difícil conseguir datos certeros sobre el empleo.

Según datos publicados en Argentina y entrevistas con expertos que se realizaron para elaborar el informe, se puede asegurar que existen básicamente dos tipos de perfiles de empleo en las fintech. Uno más asociado a lo tecnológico y otro asociado a puestos más administrativos o financieros.

Estos dos perfiles, uno más “FIN” y otro más “TECH” ocupan casi en igual proporción la composición de los empleados de estas empresas. Sim embargo, los perfiles tecnológicos son los más demandados por estas empresas (80% contra 20%), y son los que están mejor remunerados.

Un 82% de los empleados de estas empresas pertenece a la generación “millennial” (nacidos entre el 1981 y el 2000), aunque a medida que nos acercamos a los puestos más altos sube el promedio de edad. Además, en un análisis por género de los datos disponibles, se puede decir que es un sector masculinizado, principalmente en los puestos de trabajo con perfil tecnológico.

Los retos para pensar las FINTECH desde la mirada de los trabajadores

El primer reto que deja planteado el informe es lograr la sindicalización de los trabajadores. Estas empresas presentan el fenómeno de la deslocalización, es decir que sus trabajadores frecuentemente trabajan desde su casa y las empresas no tienen un lugar físico.

En América Latina no se registra ninguna experiencia de sindicatos específicamente de fintech, pero sí se está abordando el tema desde los sindicatos financieros, que presentan distintas estrategias y resultados hasta el momento. En ningún caso parece tarea sencilla, sino más bien un desafío.

Una experiencia que recoge el informe es lo sucedido en Dinamarca, en donde se aprecia un enfoque novedoso para organizar a los trabajadores de las fintech. El sindicato FSU-Dinamarca (Union de trabajdores de servicios financieros) asumió un rol de impulsor de la industria fintech, generando mecanismos de apoyo y capacitaciones sobre el tema.

De esta manera se consiguió incorporar e involucrar a los trabajadores y establecer puntos de contacto con los trabajadores del sistema tradicional. Como uno de sus resultados más importantes está la firma del primer convenio colectivo para el sector de fintech, probablemente el único en el mundo.

El informe deja planteado otros retos para incluir en una agenda de temas para los sindicatos; como por ejemplo categorizar las empresas fintech dentro del sector financiero, abordar las fintech con una mirada internacional desde los sindicatos, proponer un abordaje regulatorio internacional que proteja a los usuarios y el sistema, trabajar para que el desarrollo de las fintech genere inclusión social.

Economistas Natalia Otero y Aníbal Peluffo de la CTA de AEBU

Foto portada: europeanbusinessreview.com