Entre retrocesos y lentos avances: la participación de las mujeres en los ámbitos de poder

Entre retrocesos y lentos avances: la participación de las mujeres en los ámbitos de poder

Continuamos el ciclo de análisis de género y trabajo en Radio Camacuá. En esta oportunidad abordaremos las desigualdades de género en la concentración de poder. Para ello dialogamos con Victoria Gadea, politóloga y autora de la publicación El lugar de las mujeres uruguayas en los cargos de decisión; y con Tamara García, integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT CNT y de la Intersocial Feminista.

Victoria Gadea comenzó recordando que Uruguay ha recibido observaciones y recomendaciones por parte del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer respecto a la baja representación de las mujeres en el ámbito público y político y la escasez de medidas para garantizar la participación plena de las mujeres en la toma de decisiones.

Además, señaló que la participación de las mujeres en los cargos de decisión se ha tornado uno de los indicadores más relevantes de la Agenda 2030. Se reconoce globalmente que la participación plena e igualitaria de las mujeres es esencial para lograr la igualdad entre los géneros e impulsar el progreso hacia el desarrollo sostenible.

La publicación llevada adelante por la politóloga se centra en el estudio de las mujeres uruguayas en los cargos de decisión. El trabajo demuestra que los roles de poder se distribuyen de manera desigual entre hombres y mujeres tanto en la órbita privada como en la pública.

El estudio señala que el aumento del número de mujeres en los cargos de representación y toma de decisión ha sido demasiado lento. En 2020 sólo el 29% de los parlamentarios nacionales eran mujeres, lo que representa un leve aumento respecto al 14% de mujeres en esos cargos en el año 2000.

“La democracia necesita de las mujeres para ser tal, y las mujeres necesitan de regímenes democráticos plenos para acceder a puestos de decisión. Lo que vemos en Uruguay es una democracia que es reconocida por su fuerte institucionalidad y por ciertas características que la hace por momentos una isla entre sus pares; pero por otro lado lo que refiere a la representación de las mujeres en los espacios de toma de decisión todavía nos encontramos muy rezagados”, señaló Gadea.

“El estudio muestra que a mayor nivel jerárquico, menos mujeres participan de los espacios de toma de decisión”, dijo Gadea. “Las pocas mujeres que acceden a niveles jerárquicos altos y espacios de decisión, vemos que en general son mujeres que están más formadas que los varones. Eso indica de alguna manera que el no acceso a los puestos de toma de decisión no está determinado por la formación, está determinado únicamente por el género”, consideró.

La politóloga señaló que en los organismos los hombres se encuentran representados en los espacios de toma de decisión, y apuntó el caso del Poder Judicial. Allí las mujeres representan el 73% de la planilla del funcionariado. mientras que las mujeres ministras representan el 63%.

En el Poder Ejecutivo la situación no es distinta. Gadea apuntó que en esa rama del Estado los hombres ocupan un 85% de los espacios de conducción, mientras que representan el 63% de la plantilla.

El estudio también abarca otros ámbitos del Estado, como la Udelar. El informe señala que a pesar de que son más las mujeres que ocupan grados docentes en la Universidad de la República, su incidencia decrece cuando el grado aumenta. Si vemos hasta el grado 3, las mujeres representan más de la mitad de los grados; sin embargo en los grados 4 y 5 los hombres son mayoría.

Respecto al ámbito sindical, el informe establece que aunque las mujeres han cobrado mayor protagonismo en esta última década, los sindicatos son espacios que siguen estando masculinizados.

El estudio señala que en 2011 el PIT-CNT contaba con una mujer en su secretariado ejecutivo; en 2015 con ninguna y en la actualidad cuenta con siete. Esto responde a la resolución del XIII Congreso que en 2018 estableció que el Secretariado Ejecutivo debería estar integrado por un tercio de mujeres.

Gadea señaló que si bien se observa un avance significativo de la central sindical, la situación demuestra que las cuotas siempre se cumplen por criterio de mínima: “Cuando se aplica una normativa que hace que las mujeres tengan más oportunidades de participación, las estructuras se adaptan y aplican la ley por criterio de mínima. Eso nos muestra cómo los sistemas si bien se corrigen para distribuir poder, esa redistribución no es plena, se hace apegada a la regla de manera estricta justamente para no ceder espacios de poder a las mujeres”, advirtió Gadea.

Al respecto, Tamara García integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT CNT y representante en la Intersocial Feminista, señaló que el PIT CNT como organización dentro de la sociedad “no está ajena a la realidad en la que vivimos y la sociedad que vivimos, entonces obviamente tiene prácticas sumamente patriarcales” justamente porque hasta “las estructuras son patriarcales”. “Esto de todas maneras no se contraponer al hecho de que en todos estos años hemos construido -o intentado construir- diferentes formas de hacer militancia, de pensar la militancia y también de pensar las representaciones”, dijo.

Tamara García recordó que en el último congreso del PIT CNT en 2018 realizado en el Teatro El Galpón, la central llegó a un acuerdo para establecer cuotas de representación en los órganos de decisión. En ese momento, “algunos decían, ‘pero al final, lo único que quieren es la silla’, y sí, ¿por qué no? Querer estar en los espacios, porque entendemos que tenemos mucho para aportar, para decir y para hacer reflexionar, ¿Por qué está mal?”, cuestionó.

A pesar de que desde ese año, aumentó la representación de las mujeres, “es obvio que falta camino por recorrer”.

Tamara García consideró que la participación de las mujeres en los diferentes ámbitos es importante, porque produce cambios en los puntos de vista, y mencionó como ejemplo la última ronda de Consejos de Salarios. “allí se insistió muchísimo en que en las mesas de negociación hubiera compañeras y que las plataformas tenían que tener cláusulas de género y cuidados. El resultado fue que “el 80% de los convenios colectivos salieron con cláusulas de género y cuidados, tanto para varones como para mujeres”, puntializó.

Pensando desde esta coyuntura en los desafíos a futuro, Tamara García señaló que en términos generales, “ha habido un retroceso tremendo”, en referencia a la representación de las mujeres en el Poder Ejecutivo y a nivel parlamentario.

Los cuidados y la importancia de encontrar soluciones colectivas

Los cuidados y la importancia de encontrar soluciones colectivas

En los últimos años, Uruguay logró a través del Sistema Nacional de Cuidados, reconocer una tarea que históricamente llevaron adelante las mujeres en mayor medida y que estaba exclusivamente en la órbita privada de las familias. Esto mejoró la calidad de los cuidados en la infancia, la vejez y personas con discapacidad en situación de dependencia, a la vez que contribuyó con un poco de justicia, formalizando y dignificando la tarea de cuidados.

Sin embargo, la crisis económica generada por la pandemia agudizó la demanda de cuidados en los hogares, y como venimos viendo en episodios anteriores, junto a otros varios aspectos, hizo retroceder la participación de las mujeres en el mercado laboral. En esta entrega del ciclo Género y Trabajo conversamos con Clara Fassler, médica chilena, radicada en Uruguay hace muchos años e impulsora del Sistema de Cuidados; y Carmen Gambera, integrante de la secretaría de Género, Equidad y Diversidad del PITCNT y delegada de la central en el mismo sistema. Ambas coincidieron en que Uruguay se suma el desmantelamiento de las políticas públicas vinculadas al tema y la falta de respuestas al déficit de cuidados por parte del Estado.

La “huelga de mujeres” en Juan Lacaze de 1913, un hito en las reivindicaciones de género

La “huelga de mujeres” en Juan Lacaze de 1913, un hito en las reivindicaciones de género

Repasamos algunos hitos de las mujeres en movimiento sindical uruguayo y cómo se fueron incorporando reivindicaciones de género.

En la tercer columna del ciclo de género y trabajo, dialogamos con la historiadora Graciela Sapriza y Ana Aguilera, de la Secretaría de Género del PIT CNT.

En diálogo con Radio Camacuá, Sapriza comenzó analizando la problemática de las mujeres y su incorporación a la vida política y laboral del país en un proceso que comenzó a fines del siglo 19 y principios del 20.

Sapriza señaló que existían dos grupos, las Sufragistas ( aquellas que luchaban por la participación política) y las Mujeres trabajadoras (las que luchaban por mejores condiciones a través de la sindicalización).

Este segundo grupo estaba comprendido por las mujeres con conciencia de clase, que propugnaban mejorar las condición de las mujeres a través de la incorporación a la vida sindical.

En ese escenario donde las mujeres comenzaban a insertarse en la vida política del país reclamando el derecho al voto, paralelamente se comienza a organizar los primeros movimientos de mujeres trabajadoras a partir proceso de de industrialización del país (primera década de 1900).

Este proceso se da a partir de la creación de fábricas que eran integradas exclusivamente por mujeres, por ejemplo las costureras.

“Eran pequeñas industrias. Pero en la medida que se empieza a incorporar varones y mujeres que empiezan a participar activamente del mundo del trabajo, también se desarrollan las ideas socialistas, básicamente las ideas libertarias”, apuntó.

Sapriza establece como uno de los hitos de la reivindicación sindical de las mujeres una revuelta que comenzó en una fábrica textil en Juan Lacaze, en el año 1913.

Este conflicto desencadenó en la segunda huelga general del país y en este caso, impulsada por mujeres, y llevó a plantear una de las reivindicaciones centrales: ante igual tarea igual remuneración.

“La huelga de 1913 no era exclusiva de mujeres. Yo lo que sostengo es que estaba dirigido por mujeres. Una de las reivindicaciones que llevaban adelante era la reducción del horario de trabajo, la higiene del ambiente de trabajo, denunciar la sobreexplotación”, señaló la historiadora.

Pero quizás lo más revolucionario en cuanto a reivindicaciones de género que se planteaba en la huelga era igual remuneración ante igual trabajo. “Las mujeres trabajadoras, alentadas por las ideas librepensadoras, reivindicaban que su trabajo era de igual valor que el de los varones”, señaló Sapriza.

“Los documentos de esa época nos dicen que las mujeres ganaban, ante la misma tarea, la mitad de salario”, dijo la historiadora.

Y precisamente esas injusticias a las que referenciaba Sapriza son las que forjaron la aparición de grandes líderes sindicales entre las trabajadoras.

“Mujeres que sufrían aborto espontáneo en el lugar de trabajo debido a las situaciones de explotación, capataces abusadores, abuso sexual, manoseo… todo eso lo denunciaban las mujeres”, dijo Sapriza.

La Creación de la comisión de la mujer del PIT-CNT

Viniendo más acá en el tiempo, encontramos el antecedente de la actual Secretaria de Genero de Equidad y Diversidad del PIT-CNT en la llamada “Comisión de la Mujer”, que comenzó a funcionar el 8 de marzo de 1986.

Paralelamente por esos años, comienzan a crearse comisiones de mujeres en también en los sindicatos, casos como AFUR, AEBU, AUTE, FANCAP , ATSS.

Ana Aguilera, de la Secretaría de Género del PIT CNT, comentó a Radio Camacuá que las primeras reivindicaciones de esas comisiones fue empezar a visualizar “la discriminación, que no es lo mismo ser trabajador varón que trabajadora mujer”.

“Además, de esa etapa surgen iniciativas interesantes como las guarderías en los sindicatos”, señaló Aguilera, quien recuerda que una de las primeras y más fuertes movilizaciones de estas comisiones se dieron en el marco del Referéndum sobre la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.

En esas instancias, además de apoyar el voto verde se introducían reivindicaciones de género.

Aguilera señaló que se realizaron importantes jornadas por “El Voto Verde”. Ejemplo de ello fue la marcha del 8 de marzo de 1987 con la consigna “Para que el pueblo decida las mujeres convocamos a todas y cada una a sumarse a la campaña por el referéndum”.

Finalmente, la integrante de la Secretaría de Género del PIT-CNT hizo una valoración del extenso camino recorrido desde la “Comisión de la Mujer” hasta la actualidad. “Ha sido muy complejo pero a la vez muy participativo”, dijo.

La “huelga de mujeres” en Juan Lacaze de 1913, un hito en las reivindicaciones de género

¿Por qué los hombres perciben en promedio mayores montos de prestaciones sociales que las mujeres?

¿Por qué los hombres perciben en promedio mayores montos de prestaciones sociales que las mujeres?

Si bien la cobertura de la seguridad social en Uruguay es amplia (cercana a un 90%), existe una diferencia importante en el monto de las prestaciones que perciben hombres y mujeres. Veamos por qué.

Segunda parte de la columna Sobre Género y Trabajo en Radio Camacuá. En esta ocasión abordaremos la seguridad social tratando de entender las claves para verlo desde una perspectiva de género.

Cómo ya bien sabemos, a partir de la aprobación de la Ley de Urgente Consideración (LUC) el gobierno puso en marcha un mecanismo para reformar la seguridad social en Uruguay. Se conformó una comisión de 15 expertos que luego de un diagnóstico ya elaborado, se centrará en realizar una propuesta de reforma a la seguridad social.

Ahora bien, centrémonos en analizar desde una perspectiva de género los principales aspectos problemáticos que tiene el sistema de seguridad en nuestro país. Según señala la investigadora de la UDELAR Maira Colacce, por cada 100 pesos que cobran los varones en jubilaciones y pensiones, las mujeres cobran 79.

Esta brecha se explica por varios factores. Lo primero a considerar es que las mujeres cobran en promedio mayor porcentaje de pensiones que los hombres; mientras que éstos perciben mayor porcentaje de jubilaciones. Y como sabemos, las jubilaciones son más elevadas que las pensiones.

Si lo vemos por los números, nos encontramos que el 85% de los hombres acceden a la jubilación, mientras que en el caso de las mujeres solo accede el 61%. Por su parte, el 53% de las mujeres perciben pensiones, mientras que en el caso de los hombres solamente el 7%.

Este acceso mayor a pensiones por parte de las mujeres se da en parte porque el sistema de seguridad social así lo prevé. Verónica Amarante, Doctora en economía, docente e investigadora de la UDELAR; dijo a Radio Camacuá que uno de las explicaciones es que el sistema de seguridad social “está pensado con la idea de una familia tradicional, en donde el hombre era el único que se insertaba al mercado de trabajo y era el proveedor de la familia”.

Lo mismo señala Maria Celia Vence, del Equipo en Representación de los Trabajadores del BPS: “La estructura de la seguridad social está basada en una estructura social y en un mundo del trabajo de la década del 50 o el 60, en donde el hombre proveedor salía a trabajar y la mujer se quedaba en la casa. Esto empezó a cambiar en la década del 90, y hoy ya está bastante más equilibrado, teniendo en cuenta que en el mercado de trabajo tenemos un 52% de hombres y un 48% de mujeres”.

Como apunta Celia Vence, las cosas han cambiado, y en los últimos años se han empezado a desmontar ciertos roles y estereotipos de género. Lo que hizo que la tasa de participación de las mujeres en el mercado de trabajo haya aumentado de manera sostenida, tanto en Uruguay como en toda la región.

Por lo tanto, la nueva realidad no se ajusta con a la idea con la que se pensaron los pilares que sostienen la seguridad social.

Aunque las cosas han cambiado, aún persisten grandes inequidades de género que terminan repercutiendo en la seguridad social y en las prestaciones a hombres y mujeres. Algunos de estos aspectos tienen que ver con las brechas de ingreso entre hombres y mujeres, las interrupciones en la trayectoria laboral que tienen las mujeres, y la distribución inequitativa del trabajo no remunerado.

Respecto a esto último se observa que las horas de trabajo no remunerado en las trayectorias de vida de hombres y mujeres presentan brechas significativas: cuando hombres y mujeres están separados se registra una brecha de 6 horas más de trabajo no remunerado en las mujeres; pero cuando se juntan y tienen hijos, las mujeres hacen 29 horas más de trabajo no remunerado semanal adicional a la que realizan los hombres.

Según señala Amarante, “la decisión de quién realiza el trabajo remunerado o no remunerado influye sobre los montos de las prestaciones sociales que se reciben. Esto sucede por cómo se decide la distribución dentro de los hogares del trabajo remunerado y no remunerado. Generalmente, el trabajo no remunerado recae sobre las mujeres”, señaló.

“Hay mucha evidencia en el caso de Uruguay que muestra que las mujeres tienen unas trayectorias laborales con muchas más interrupciones que los hombres, o con mayor probabilidad de inserción a tiempo parcial”, dijo Amarante.

Además, el evento de la maternidad tiene consecuencias en las trayectorias laborales de las mujeres, tanto un impacto en los salarios como en la probabilidad de tener un empleo formal.

Los datos señalan que luego del evento de la maternidad, a los 12 meses se registra una caída de 19% en el salario de la mujer, a los 5 años esa caída es de 31% y a los 10 años se registra una caída de 36%.

A su vez, a los 10 años del evento de la maternidad hay un descenso de la probabilidad de tener un empleo formal de 36% (según un estudio de Bucheli y Querejeta). Esta es una, entre otras desigualdades de género que se registran en el mercado laboral.

Se han manejado distintas herramientas para disminuir estas desigualdades de género que repercuten en última instancia en el acceso a prestaciones sociales. Varias de ellas surgen de una ley aprobada en 2008 (Ley N° 18395) que flexibiliza las condiciones para acceder a la cobertura social y además aprobó la bonificación por hijo/a que computa a las mujeres un año trabajado por cada hijo.

Según señaló Amarante, este tipo de medidas “contribuye mucho. Los estudios que se han hecho en Uruguay muestran que ha tenido un efecto muy importante, particularmente para aquellas mujeres que perciben ingresos menores. Mientras que no suceda lo que desearíamos, que es más equidad en el mercado de trabajo, más equidad en el reparto entre el trabajo no remunerado y remunerado, este tipo de medida contribuye a que los resultados no sean tan desiguales o tan inequitativos”.

Por su parte, Celia Vence criticó que esta medida positiva sancionada en la ley de 2008 sea considerada por el actual gobierno como que “erosiona la seguridad social”. ”En la justificación del presupuesto de este gobierno, se dice que la ley de 2008 erosionó el financiamiento de la seguridad social. Es muy preocupante. Que hayan puesto esa palabra no es fortuito, no es una cosa casual”, advirtió.

Otros caminos: jubilaciones y pensiones como un bien ganancial

Otras de las alternativas que pueden aportar hacia una seguridad más justa desde una perspectiva de género es considerar las jubilaciones y pensiones como un bien ganancial.

Este tipo de medidas, que ya se ha adoptado en algunos países consideran los aportes a la seguridad social durante la vida activa de las personas como bienes gananciales, que, en caso de separación o divorcio hay que repartir de alguna manera.

Según señaló Verónica Amarante, tomar las jubilaciones como un bien ganancial “es un camino que se ha llegado en muchos países para solucionar esto de que en muchos casos las mujeres al llegar a las edades avanzadas si hay una ruptura en la pareja tienen altas probabilidades de no tener acceso a tener ingresos”.

Aunque, advirtió que “hay que pensar bien los diseños de esos programas. Porque desde el punto de vista de la autonomía lo que sería deseable es que el aumento de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo es algo que nos gustaría mantener”.
En definitiva, lo que aparece como en el horizonte para seguir avanzando hacia más igualdad y mejor reparto en el trabajo no remunerado es un cambio cultural.

“No son solo estos factores vinculados con las políticas públicas. También hay factores que tienen que ver con las normas sociales o culturales; lo que las personas piensan y cómo conciben cuál es la mejor forma de organizar el cuidado en las familias. Los modelos muy tradicionales son difíciles de cambiar, llevan mucho tiempo”, señaló Amarante, que mencionó cómo en los países nórdicos en conjunto con los cambios en la seguridad social se llevó adelante un proceso de deliberación pública para forjar un cambio cultural.

En esta misma línea, Celia Vence apuntó a procesar estas discusiones a través de un gran diálogo social y no únicamente a una comisión de expertos. “Es una reforma que se está procesando en un ámbito que no queremos. Porque esta comisión de expertos no es un diálogo social, con un intercambio plural, democrático, con todos los actores involucrados”.

Por último, Celia Vence criticó la visión economicista que se trasluce en los integrantes del gobierno en la comisión de expertos y en el diagnóstico elaborado. “Se están buscando políticas puramente economicistas. Es decir, que me cierren las cuentas. Pero si no encontramos un equilibrio entre las políticas sociales y las políticas económicas y financieras, vamos a tener más pobreza y menos distribución de los recursos que tenemos”, advirtió.

Cómo ver la seguridad social desde una perspectiva de género

Mientras las brechas de género se agrandan el gobierno muestra respuestas “insuficientes y a destiempo”

Mientras las brechas de género se agrandan el gobierno muestra respuestas “insuficientes y a destiempo”

La crisis social y económica provocada por la pandemia de Covid 19 profundizó en varios aspectos la desigualdad de género histórica entre hombres y mujeres. Empezamos en Radio Camacuá un ciclo de entrevistas y análisis para entender esta problemática y descubrir nuevas interrogantes.

En este episodio conversamos con Milagro Pau, referente de la Comisión de Género, Equidad y Diversidad de AEBU, de la misma secretaría en el PITCNT; y con Soledad Giudice, economista de la Comisión Técnica Asesora (CTA) de AEBU. Ambas coincidieron en la gravedad de esta problemática a nivel nacional y en la necesidad de una respuesta urgente por parte del Estado.

En el mercado laboral, aumentaron las diferencias en cuanto a la participación de hombres y mujeres, en detrimento de estas últimas y la situación tiene gravedad no solo a nivel nacional. A nivel regional, la CEPAL advierte que la crisis desatada por el Covid 19 significa un retroceso de 10 años en la participación de las mujeres en el mercado laboral.

El informe indica que se profundizaron varios “nodos de desigualdad” que atentaron “contra la autonomía de las mujeres”. Estos nodos de desigualdad implican, entre otras cosas, un «aumento de la pobreza en conjunto con una sobrerrepresentación de las mujeres en los hogares pobres; la brecha de acceso tanto a servicios financieros cómo digitales; es decir, una menor capacidad de hacer frente a la crisis por parte de las mujeres”, explicó Giudice tomando los datos de este informe y afirmó que “aumentó la desocupación en las mujeres más que en los hombres, también son las mujeres las que están concentradas en el trabajo informal y empresas pequeñas”.

Otro de los nodos de desigualdad tiene que ver con la división sexual del trabajo. Giudice explicó que según la Cepal, “las mujeres siempre se ven concentradas en sectores con mayor riesgo de contracción y están sobrerrepresentadas en la primera línea de respuesta a la pandemia, algo que se agrava con el aumento de demanda de cuidados en los hogares”.

En cuanto a esto, Milagro Pau dijo que “se profundizó la demanda de cuidados de menores y adultos mayores a cargo que recae principalmente en las mujeres” y esto se dió “porque los varones no se hacen cargo a la par y por la ausencia de resguardo por parte del Estado, el cierre de escuelas y otros espacios educativos”. Pau señaló que el teletrabajo afectó también especialmente a las mujeres, “que no pueden mudarse a un espacio más grande o adecuado para teletrabajar” y que tienen cuidan y trabajan al mismo tiempo, en el mismo lugar. Afirmó que “se verá con el paso del tiempo, no hoy, de qué manera esto afectó a la salud física y mental de las mujeres trabajadoras”.

Las mujeres no solamente integran en mayor medida los sectores de la población más pobres, sufren más la desocupación y la tendencia a tener trabajos informales en relación a los varones. Realizan tareas domésticas y cuidados no remuneradas en mayor medida y además también estuvieron más presentes en la respuesta social a la crisis económica. Según un estudio elaborado en conjunto por la Universidad de la República (Udelar) y AEBU, las personas que llevan adelante las ollas populares son en un 58% mujeres, mientras que ese porcentaje asciende al 65% en los merenderos.

«La respuesta del gobierno ante esta situación ha sido pobre, insuficiente y a destiempo. Especialmente en lo que tiene que ver con las políticas sociales hacia las mujeres. No se tomó en cuenta lo que estaba pasando en el mundo para prever lo que podía pasar en Uruguay. No se tuvo en cuenta la vulnerabilidad que existía en los hogares y los trabajos precarios, y no se tuvo en cuenta las situaciones de violencia doméstica en el país», señaló Milagro Pau.

La consigna «Quedate en casa», la reducción de la movilidad, hizo que las mujeres «tuvieran que convivir y trabajar en situaciones de violencia, con hombres violentos dentro de sus casas, con una respuesta negativa del Estado». Milagro Pau afirmó que «por el contrario, se cerraron programas de atención a las mujeres, se trasladaron funcionarias con vasta experiencia en el tema de forma arbitraria y colocaron gente sin experiencia, que no sabe cómo resolver las situaciones».

Pau consideró que «las políticas del gobierno en general para la clase trabajadora han sido nefastas. El PIT CNT hace más de un año que está reclamando una renta básica y el gobierno sólo da respuestas parciales, ridículas. A mi me gustaría preguntarle los que votan o toman decisiones a nivel gubernamental, si pueden vivir con los mil quinientos pesos o los cuatro mil pesos que dan por mes, si pueden sostener un hogar con hijos, como lo tienen que hacer muchas mujeres en nuestro país. Cuando nos llaman a quedarnos en casa, cuando nos dicen que hay que cuidarse, que la responsabilidad es de la ciudadanía, yo les pregunto si se lo podemos decir a una compañera que tiene hijos a cargo, que no tiene trabajo o está en seguro de paro, que tiene que salir a buscar comida para alimentar a sus hijos. Por eso entendemos que las respuestas han sido muy malas e insuficientes».